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27/3/12

Las coles


Para las personas sanas, la col ha sido siempre, desde la antigüedad, un alimento importante y variado, y lo sigue siendo actualmente.

No se puede dejar de insistir en el hecho de que las hortalizas y verduras –y todas las variedades de col en particular-, los cereales, la fruta y los productos lácteos, con una elaboración sencilla y natural, siempre fueron –y siguen siendo-  la base de una sana nutrición.
Cuando, al considerar la composición química de las coles, se señala a menudo despreciativamente que son pobres en proteínas, calorías y en sustancias nutritivas, y que además son de poco provecho, difíciles de digerir, mal utilizables, pesadas para el intestino y causa de flatulencia, solo se puede contestar que todo esto es un prejuicio procedente de un punto de vista bioquímico y por ello engañoso.


Precisamente en los últimos años se ha puesto de manifiesto la importancia de las hormonas vegetales (auxinas), sustancias que actúan estimulando el crecimiento de los vegetales y que parecen tener destacados efectos sobre el organismo humano.

Estas investigaciones nos señalan una vez más la importancia primordial que tiene el consumo de hortalizas en su forma más natural posible.

Las características negativas, frecuentemente atribuidas a diversas  verduras y hortalizas, en especial a las coles, solo se verifican cuando se las desnaturaliza y empobrece en la cocina y la industria alimentaria actual, que incluye un exceso de cocción, uso de aditivos químicos para ablandarlas, salado excesivo, combinación con grandes cantidades de grasas animales sólidas y harina, o la mezcla con extractos cárnicos o salsas muy complicadas y picantes.

Todas las coles, cuando se preparan de un modo sencillo, o mejor aún en crudo en forma de ensalada, aliñadas con aceite vegetal, y tomadas en cantidades moderadas forman parte fundamental, de la dieta profiláctica que todos deberíamos seguir.

Las coles contienen diversos aceites sulfurosos muy volátiles, que estimulan el apetito e intensifican la función de las glándulas digestivas. Por su volatilidad el calor los hace desaparecer. De ahí que para aprovechar plenamente las cualidades de las coles lo mejor es tomarlas crudas o con una elaboración muy sencilla y en la que intervenga lo menos posible el calor.

El jugo de la col en las úlceras gastroduodenales

    El jugo de la col puede reclamar para sí una significación médica. El doctor Carnett Cheney de la Universidad de Stanford, publicó varios trabajos científicos sobre el tratamiento de úlceras gástricas y duodenales con jugo de col. Este jugo lo obtenia mediante centrifugación de col fresca y administraba cuatro o cinco veces al día un vaso a sus pacientes con esta afección.
   Después de la observación de los resultados confirmó que con este tratamiento desaparecía el dolor en un placo de cinco días y las ulceras curaban en unas dos semanas. El doctor Cheney atribuye esta acción curativa, a una sustancia a la que el denominó vitamina U. Sea esta sustancia una vitamina o no, lo cierto es que estaría contenida en los lípidos de la col y se supone que ésta también se podría hallar en el perejil, lechuga, apio, huevos y leche en condiciones naturales. El calor y el marchitamiento destruirían esa sustancia.

            Los médicos suizos Strehler y Hunziker comprobaron el tratamiento de la úlcera con jugo de col. Junto al litro diario de este jugo, dentro de una dieta alcalina ligera, administraban un litro de papilla de plátano enriquecida con algo de nata y huevo. Con este régimen no consiguieron que la vitamina U (factor antiulceroso) acelerara el proceso de curación en los enfermos con úlcera duodenal y colitis ulcerosa, pudieron constatar la reducción del tiempo de curación. La curación de ulceras duodenales duraba tres semanas por término medio, y uno de los casos sanó en sólo seis días.

            Como complemento al tratamiento de las ulceras gastroduodenales con jugo de col, y para acelerar y garantizar su total curación, es de suma eficacia el consumo de jugo de regaliz (dos o tres palitos de grosor medio, de unos 8 cm) después de las comidas.


A cada enfermo su col

            Como ya se ha indicado, hay que tener en cuenta las propiedades dietoterápicas de las diferentes clases de coles en la alimentación del enfermo. Así, como es natural, se da a los pacientes con afecciones gastrointestinales, las más tiernas, como colirrábanos tiernos y coliflor, y, a los que padecen estreñimiento crónico, las que estimulan la pared intestinal, como la col común o verde y la col de Bruselas, si no presentan una colonización de bacterias intestinales completamente degenerada, en cuyo caso habría que darles un producto acidificado de col blanca, crudo, cocido o en jugo.

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