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24/2/12

Razones para el uso moderado de condimentos


Los procesos culinarios habituales que realizamos, como la cocción, el hervido o la plancha, destruyen o alteran muchos de los elementos del sabor. No es de extrañar entonces que la comida cocida  nos resulte  insípida de por sí y no excite el olfato ni el gusto, con lo cual éstos no despiertan las ganas de comerlos. Es por ello que habitualmente utilizamos diversos condimentos al finalizar la cocción, puesto que los propios alimentos pierden su sabor, y por esta razón nosotros mimos tiramos del salero, las mostazas, mayonesas o mantequillas, después del primer bocado.

No es de extrañar por tanto que utilicemos diversas especias para potenciar el sabor de los alimentos y hacerlos más apetecibles, como por ejemplo las especies exóticas típicas como la canela, el curry, jengibre, clavo o pimienta. El problema reside cuando éstas se consumen de manera excesiva o abusiva, ya que nuestro organismo no está adaptado a estas sustancias a no ser que sean en cantidades mínimas, a diferencia de sus habituales comensales, aquellos procedentes de zonas mucho más cálidas y que las necesitan para estimular el apetito y la digestión, puesto que bajo el ardiente sol su eliminación por la piel es mucho mayor que en zonas templadas.
Estamos mal acostumbrados a que los alimentos estén sazonados en abundancia, ya que la mayoría de nosotros nos gusta que los alimentos estén marcados, es decir, que tengan un sabor identificable, salado o dulce. Pero como consecuencia de ello lo único que conseguimos es enmascarar el sabor auténtico del alimento y transformándolo en otro distinto y, únicamente  notamos la diferencia cuando lo volvemos a probar en otras condiciones.

Lo más recomendable y beneficioso en los climas templados como el nuestro es aprovechar las especias aromáticas locales, que se adaptan de forma más perfecta a las necesidades de nuestro organismo y satisfacen nuestras necesidades gustativas.

Nuestros condimentos suelen considerarse suaves o moderados, observando que solo pequeñas cantidades estimulan las funciones del tubo digestivo; cantidades mayores actúan, en cambio, entorpeciéndolas e inhibiéndolas. Entre estas especias encontramos: el perejil, la morquera, el romero, tomillo, azafrán, la albahaca, el laurel o el orégano.

Nuestros condimentos activan los órganos del olfato y el gusto, lo cual, es necesario para despertar nuestro apetito; incrementan la secreción de los jugos gástricos del estomago, los intestinos, el páncreas y el hígado; favorecen la absorción de las sustancias nutritivas del bolo alimenticio, y aceleran los movimientos peristálticos del intestino, así como facilitan las deposiciones y actúan como sedantes del sistema nervioso. De esta forma comprobamos como la naturaleza es capaz de unir el aporte de energía con el placer proporcionado con el consumo de alimentos bien condimentados.

Toda la abundancia en hierbas y condimentos nos la brinda la naturaleza para que prudentemente nos sirvamos de ellas como materias fomentadoras del apetito y la salud.

Recuerda que la condimentación es un arte….Y las artes en dosis masivas perjudican  la sensibilidad.







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