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26/1/12

Quiero adelgazar


No es únicamente por estética por lo que se inicia un régimen de adelgazamiento. Muchas de las personas que inician una dieta no lo hacen para lucir una mejor figura o por verse más delgados. El comienzo de una nueva rutina alimentaria se debe, más bien, al sobre peso u obesidad que, sin llegar a ser mórbida, amenaza al estado de salud y bienestar de la persona, tanto física como psicológicamente. Suele ser una prescripción médica de bajada de peso la que da el pistoletazo para el inicio de un régimen alimentario ante la gravedad de la situación.

Las cifras de obesidad en España son realmente alarmantes. Se ha establecido una prevalencia de obesidad en torno al 25% de las personas adultas (dos de cada tres hombres presentan sobrepeso)  y que uno de cada tres niños entre los tres y doce años presenta sobrepeso. No es de extrañar que, a medida que aumentan las cifras, la preocupación vaya en aumento, tanto por parte de las Instituciones Públicas como por parte de nosotros como miembros de la sociedad, que cada vez se ve más y más cerca de un “Estado de Obesidad”.

Ante esta sociedad que cada vez nos exige que nuestra figura sea  más delgada y esbelta o a cumplir una serie de cánones, no es de extrañar que surjan en el mercado una gran cantidad de productos y dietas que intentan satisfacer las necesidades de la sociedad, utilizando una serie de atajos o trampas, debido a la exigencia de que todo se haga de la manera rápida y urgente y, sobre todo, con el menor esfuerzo. Nos hemos convertido en una sociedad que no sabe esperar y mucho menos tener paciencia por aquello que  se quiere de verdad (queremos resultados rápidos, ¡ya!) y nos cuesta enormemente volver a aprender, es decir a desaprender lo aprendido para aprender de nuevo a cómo debe ser nuestra dieta.

Hemos llegado hasta tal punto que preferimos pagar la cantidad de dinero que sea antes de ponernos las pilas y esforzarnos en el trabajo que debemos realizar para que nuestra salud sea mejor y sobre todo para que se mantenga en el tiempo. Se estima que en España el gasto en productos y dietas milagro oscila los dos mil millones de euros al año. ¿Sorprendido?

La moraleja de este resultado es que estos productos no obtienen los fines buscados y ¿cómo van a tenerlos? ¿Cómo pueden unas pastillas o una crema eliminar la grasa presente en una zona determinada si no eliminas de tu dieta las calorías de más y complementas con ejercicio? ¿Quiere esto decir que una píldora te ayudará a suplir lo que no haces con tu dieta? ¿O es que con la píldora consigues acallar tu conciencia diciéndote a ti mismo “si estoy haciendo algo, me tomo tres pastillas al día y me gasto 30€ a la semana en botes (pero sigo comiendo lo mismo)”? Hasta que finalmente te das cuenta de que no estás consiguiendo lo que quieres y decides cambiar de producto o de dieta. ¿Realmente es posible que haciendo una dieta de X semanas se puedan conseguir las metas de bajada de peso? Está claro que la respuesta es sí pero ¿qué pasa después de esas dos semanas? ¿No te habías planteado que no puedes estar tomando solo piña toda tu vida? Es tras esto cuando aparece el efecto yo-yo o efecto rebote y se vuelven a ganar todos los kilos perdidos, con lo que únicamente se consigue aumentar el desánimo, bajar la autoestima y favorecer el comienzo de episodios depresivos: es la pescadilla que se muerde la cola ya que comienza otro régimen diferente pero sin efectos a largo plazo.


¿Por qué en vez de gastar esos 30€ semanales en pastillas o productos ineficaces no se invierten desde el principio en un profesional cualificado? Es extraño que, cuando nos duele una muela, vayamos al odontólogo corriendo y no nos importe pagar, cuando nos duele el estómago al médico pero cuándo nuestra salud está empeorando por un exceso de peso ¿a quién acudimos? La respuesta es increíble: a internet, a las revistas, a la vecina o a un gabinete en el cual muchas veces ni siquiera se pregunta qué titulación tiene la persona en la que estamos depositando nuestra salud, y que únicamente nos ofrece productos nada económicos, como solución a nuestro sobrepeso u obesidad.

Si realmente es tu propósito comenzar un régimen de adelgazamiento, debes primeramente comprometerte al 100% en alcanzar tu objetivo. Si tu grado de motivación es bajo es mejor que esperes a comenzarlo en otro momento, en tu momento, cuando estés preparado para ello. Plantéate el comienzo de manera progresiva, repitiéndote cada día a ti mism@ el proceso que quieres comenzar y los beneficios que te traerá. Esto te ayudará a tomar conciencia del cambio que quieres para ti. Ten en cuenta cada una de las palabras anteriormente expuestas. No caigas en la tentación de dietas rápidas, milagrosas ni productos maravillosos, todo eso no existe. Piensa que es un proceso que no tiene vuelta atrás, que una vez que comiences, no podrás tirar la toalla, que tendrás que mantenerlo durante toda tu vida y que tu eres el iniciador del cambio. Busca ayuda en los profesionales necesarios para que te acompañen en este nuevo proceso. Sobre todo ponte en buenas manos: confía en un nutricionista.           


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